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 Del Soñar Despierto al Despertar Dormido

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Sandrisha
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MensajeTema: Del Soñar Despierto al Despertar Dormido   Lun Oct 31, 2011 3:48 am

Hola a todos, éste es un artículo muy especial donde describe algunas muy interesantes experiencias de ensueño que han tenido algunos científicos, psicólogos, escritores a lo largo de sus vidas...

Del Soñar Despierto al Despertar Dormido
FUENTE: Alcione

El sueño es una cosa y la vigilia es otra, muy distinta. El primero es extraño, absurdo, irrelevante; sus episodios son fantasías gratuitas, independientes de nuestra voluntad. La segunda es nuestra “vida real’, cuyo actor principal somos nosotros mismos. Por lo menos, eso creemos o hemos creído muchos de nosotros, como buenos ciudadanos de nuestra civilización…

Sin embargo, una visión muy distinta de las cosas ha prevalecido en otros pueblos y otros tiempos. Y también ha habido, entre nosotros, pioneros que han descubierto, solitaria y laboriosamente, fenómenos y prácticas que en otras sociedades eran parte de la vida cotidiana. Según este otro punto de vista, sueño y vigilia no son tan extranjeros uno del otro como parece: podemos estar despiertos mientras soñamos y dormidos durante la vigilia cotidiana. Interactuamos en sueños con partes muy reales de nosotros mismos, que negamos o ignoramos durante la vigilia.

Sueño o realidad?

Hace varios siglos, un chino llamado Chuang Tzu soñó que era una mariposa que revoloteaba alegremente de flor en flor. Pero cuando despertó surgió en él la pregunta: Soy realmente un hombre que soñaba ser una mariposa o acaso una mariposa que ahora sueña que es un hombre?

Carl Gustav Jung, pionero de una comprensión más profunda de los sueños, en Europa y en general en Occidente, tuvo hace algunas décadas un sueño, en el que, luego de descender una escalera que lo llevaba a una especie de cripta con un altar, vio allí a un yogui sumido en profunda meditación. Y supo que ese yogui lo estaba soñando a él, durante su meditación. Y que, al despertar el yogui, el Jung de la vida “real” se desvanecería…

Un recorrido por los más destacados y brillantes especialistas que no sólo han estudiado, sino también experimentado, el sueño lúcido: los Senoi, Jung, el marqués de Saint Denys, el maestro sufi Vilayat Khan y los últimos descubrimientos al respecto, relatados por el científico chileno Francisco Varela.

El marqués Hervey de Saint-Denys, de quien volveremos a hablar más adelante, cuenta, en 1867: “Soñé que subía a un carruaje a la salida del teatro; este se puso en movimiento y casi en seguida me desperté, sin recordar por lo demás esta visión tan insignificante. Miré la hora en mi reloj, recogí un encendedor que había dejado caer y después de 10 o 15 minutos de haber estado totalmente despierto, me volví a dormir. Y aquí comienza lo singular: Creo despertarme en ese carruaje, en el que recuerdo perfectamente haber subido para volver a casa. Tengo la sensación de haberme amodorrado cerca de un cuarto de hora (sin recordar qué ideas me han venido durante ese tiempo). Hago la reflexión de que debo haber recorrido una buena parte del trayecto y miro por la puerta para reconocer en qué calle estamos, tomando por un momento de sueño aquellos instantes en los que justamente había dejado de dormir”.

Marie Louise von Franz, destacada discípula de C. G. Jung, relata en El camino de los Sueños que una niñita soñaba con su abuela y le decía que era capaz de desaparecer. “Tonterías – le contesta la abuela – nadie puede hacer eso”. Entonces, la niñita se despierta en su pieza, mira a su alrededor, se da una vuelta en la cama y se duerme nuevamente. Y sigue soñando con su abuela, que ahora le dice, estupefacta: “Pero, cómo lo hiciste ?”

Podemos “despertar’ durante un sueño? Y seguir durmiendo, y soñando, “despiertos”? Y al despertar, recordar lo que seguimos soñando, luego de haber “despertado!’ dentro de nuestro sueño?


Más Información:

Manual para la Interpretación de los Sueños.- - Strephon Kaplan Williams.- Editorial EDAF, S.A,
La Creativité Onirique. Du Réve Ordinaire au Lucide..- - Patricia Garfield.- La Table Ronde, Francia, 1983
Les Réves et les Moyens de les Diriger.- - Hervey de Saint-Denys.- Editions D’aujourd’hui, Francia 1977.
The Tibetan Book of the Dead.- - Chogyam Trungpa.- Shambhalla Press.
Lucid Dreaming.- S.La Berge.- Bantam Books.
Diario.- Ken Wilber.-Editorial Kairós.


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Última edición por Sandrisha el Lun Oct 31, 2011 4:00 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Del Soñar Despierto al Despertar Dormido   Lun Oct 31, 2011 3:50 am

Despertar en el sueño

El llamado “sueño lúcido”, por el cual nos interesamos aquí, es una experiencia bastante más común de lo que se podría pensar. Se caracteriza por el hecho de que, mientras está dormida y soñando, la persona se da cuenta de que está soñando. Muchas veces ocurre que el hacerlo le produce tal conmoción que se despierta. Pero si esto no ocurre, al seguir soñando consciente de que sueña, puede tomar determinadas. decisiones destinadas a alterar el estado de sueño, como la de escapar o cambiar una escena negativa por otra positiva. Además, el sueño es experimentado con gran viveza, con intensidad de colores y detalles, eventualmente con una imaginería fantástica. El soñador lúcido puede vivenciar, asimismo, un gran aumento de las sensaciones corporales, como flujos de energía, vibraciones o incluso orgasmos.

Hay tres grados del ejercicio de control del estado de sueño: la persona puede tratar de tener cada vez más sueños en los que está consciente de que está soñando. También puede tratar de controlar los contenidos del sueño mientras sueña. Este es el enfoque más usual que los soñadores lúcidos dan a esta experiencia. No es típico del enfoque jungiano, en el que no se da primacía al ego en el proceso de trabajo con el inconsciente. Y por último, el soñador puede tratar de eliminar o transformar el sueño imaginativo usual en un estado similar al de la consciencia de vigilia. En este estado elevado, la consciencia del sueño y la de vigilia son similares y se describen en términos de estados puros de energía como una gran luz. Este es el método típico de algunos sistemas de meditación, como el tibetano, yogui o sufi.

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MensajeTema: Re: Del Soñar Despierto al Despertar Dormido   Lun Oct 31, 2011 3:51 am

Un pueblo de soñadores lúcidos

El pueblo senoi forma una gran tribu de unos 12.000 miembros, que vive en la jungla de las montañas de Malasia. Qué soñaste anoche? – es la pregunta más importante de la vida de los senoi. Todas las mañanas a la hora del desayuno, cada miembro de la familia cuenta sus sueños. Los niños comienzan a hacerlo desde que empiezan a hablar. Y sus mayores los felicitan por haber tenido un sueño, los interrogan sobre su comportamiento en él, señalan sus errores o los alaban si han adoptado la actitud apropiada, los aconsejan sobre la manera de modificar su actitud en sueños futuros. Basándose en el contenido de sus sueños, los van orientando hacia tal o cual actividad social. Los miembros de la comunidad discuten luego sus experiencias oniricas en el Consejo de la aldea. Sus actividades comunitarias, las artesanales y las artísticas en particular, se nutren del trabajo colectivo sobre los sueños.

Los senoi se caracterizan por su pacifismo y espíritu cooperativo. Este último no inhibe su individualismo y creatividad, fuertemente inspirada en sus sueños. Pero quizá sus cualidades más notables sean su extraordinario equílibrio psicológico y madurez afectiva. Las neurosis y psicosis son desconocidas entre ellos.

Los documentos más importantes sobre los senoi provienen de investigadores que han convivido largamente con ellos en su medio natural, como el antropólogo y psicoanalista estadounidense Kilton Stewart, quien se concentró en particular en la tecnología onirica de los senoi. Estos estudios fueron difundidos y popularizados en la década del 70 en Occidente por Patricia Garfield, psicóloga, escritora y artista que convivió también con ellos en Malasia y escribió el bestseller Creative Dreams (El soñar creativo). Ella resume en las siguientes reglas fundamentales el trabajo senoi con los sueños.

La primera es afrontar y vencer el peligro. Si un niño senoi sueña con un tigre, del cual huye aterrorizado, su padre lo felicitará por su sueño, pero le hará notar que cometió un gran error al huir. “Los tigres de los sueños sólo te atacan si huyes, y te persiguen sólo si les temes – le dirá – La próxima vez que sueñes con un tigre, hazle frente. Y si te ataca, atácalo tú a tu vez. Y si es más fuerte que tú, pide ayude a tus amigos oníricos. Comprende que en los sueños nunca hay que huir, sino afrontar el peligro.”

La segunda regla fundamental es buscar el placer. Por ejemplo, se anima a los niños a vivir experiencias sexuales en sus sueños y a disfrutar plenamente de las sensaciones que las acompañan. También se los estimula a gozar de los placeres del vuelo en sueños.

La tercera regla es tratar de llegar siempre a un desenlace positivo. Si un niño sueña que cae en un abismo, se le recomendará tratar de transformar esa experiencia horrible en la agradable experiencia de volar. Y el desenlace positivo más apreciado por los senoi es aquel en que el soñador trae consigo un regalo, artístico o utilitario, otorgado por el personaje de su sueño, por ejemplo un enemigo vencido, presente que compartirá con el resto de la comunidad.

Según la experiencia de Stewart y Garfield, la puesta en práctica de estas reglas senoi permite al soñador reorganizar su vida interior e integrar los diferentes aspectos de su personalidad.

HISTORIA DETALLADA
EL PUEBLO DEL SUEÑO : LOS SENOI


¿Qué cabe esperar de un aprendizaje precoz del control sobre los sueños? ¿Son capaces los niños -acaso con mucho mayor facilidad que los adultos- de aprender a producir directamente ensoñaciones en lugar de sueños? ¿Puede el dominio sobre los sueños llegar a convertirse en otra lengua materna? ¿Llegar a ser una lengua universal que permita comunicarse de otro modo con los otros? ¿Qué ocurre cuando todo un grupo practica el control de los sueños y, más aún, cuando una cultura entera funda su vida en la inspiración de los sueños? ¿Acaso el compartir los sueños no constituye ya una manifestación de confianza capaz de crear profundos lazos, con arreglo a aquella máxima de los hippies: "padres, contad vuestros sueños a vuestros hijos"?
La cultura de los senoi que se basa íntegramente en el dominio sobre los sueños, representa para nosotros un ejemplo excepcional. Tan notable como ello, si no más, resulta el descubrimiento de que ese compartir constituye el fundamento de la verdadera cooperación y produce una cultura pacífica, artística y creativa.
Jung habla del “carácter colectivo del gran sueño, el cual no pertenece a quien lo haya soñado, sino a la colectividad, al pueblo, a la totalidad de los seres. Si se logra la interpretación de semejante sueño, todos obtendrán provecho de ello” (L'homme à la découverte de son ame [El hombre en pos del descubrimiento de su alma], p. 316).
Se refería sin duda a los célebres sueños relatados por la Antigüedad clásica y por la Biblia. Con todo, bien puede considerarse esta cita como un exergo que describe con gran exactitud el uso que hacen los senoi de sus ensoñaciones.

I- SU DESCUBRIMIENTO

Los senoi son uno de los últimos pueblos misteriosos de importancia. Viven en una jungla impenetrable en las montañas de Malasia. Su descubrimiento data de poco antes de la guerra. El gran etnólogo británico Herbert NOONE los estudió durante los años 1930-1939, al igual que a las otras tribus montañesas de esa región. En 1939 sostuvo en Cambridge su tesis sobre este tema. Más tarde habría de encontrar la muerte en esa jungla. Su hermano menor, Richard NOONE, organizó una expedición para dar con su paradero, pero fue en vano. En 1935 habíasele unido un joven psicoanalista norteamericano, Kilton STEWART, quien durante un año estudió en particular la técnica del sueño que practican los senoi.
Hasta donde alcanza nuestro conocimiento, en francés no existe ningún libro ni estudio acerca del pueblo del sueño. El presente texto ha de ser, por tanto, el primero. Desde que tuvimos noticia de los senoi en nuestra juventud, jamás renunciamos al propósito de ir a su encuentro. Más, ello no nos fue posible sino mucho más tarde, durante el verano de 1979 y de 1980. La realidad actual, por lo demás, revélase harto diferente de las descripciones que entregaron los primeros exploradores ingleses hacia 1935. La Segunda Guerra Mundial se hizo presente en la región con la ocupación japonesa del 8 de diciembre de 1941, a la que sucedieron encarnizados combates en la jungla para liberarse de ella y expulsar a los invasores, combates que culminaron en la independencia de Malaya, obtenida el 31 de agosto de 1957. Durante toda la guerra existió un regimiento formado por senoi y otros aborígenes: especializado en la lucha en la jungla, este destacamento tuvo una "gloriosa actuación".

II- SU HABITAT

En Malasia se encuentran las junglas más arcaicas del planeta. Comparadas con las selvas tropicales del África o del Amazonas resultan apenas adolescentes. En tanto que en el hemisferio norte los frentes glaciares avanzaban y se retiraban durante el cuaternario y el fin del terciario, estas junglas disfrutaban de un sueño ininterrumpido. Es por ello que conservan las especies animales más antiguas y extrañas, como el célebre lémur volador que data de hace 70 millones de años y existe tan sólo allí. Este corazón verde de la Malasia resulta, empero, impenetrable. No es posible entrar en la espesura de la selva que cubre los dos tercios del país sino remontando los ríos. A menos que se recurra, como hoy en día, al helicóptero.

En la actualidad, los aborígenes se encuentran en las Wild Life Reserves. La más importante es el parque nacional del Taman Negara, a partir del cual pueden remontarse en piragua algunos ríos como el Temberling o el S. Tahan. Los senoi habitan en el macizo montañoso del Gedong Tahan, que es el mayor de Malasia con sus 7.174 pies de altitud. Forman parte de los orang asli -que significa hombres primitivos- rechazados por los conquistadores malayos hacia las selvas. Estos les llaman asimismo sakai, nombre despectivo que en senoi significa esclavo. Las tribus aborígenes pertenecen a tres clases de razas: a) negritos primitivos: son pequeños, negros y crespos; b) amarillos procedentes de Annam, Khmers de Camboya, birmanos y chinos; c) polinesios de raza maorí. Entre ellos existen numerosos pueblos que hablan lenguas muy diversas, desde los kensiu y los kintak del norte, pasando por los mendriq y los batek del este, hasta los semelai y los orang hulu del sur. El término "senoi" corresponde en realidad a los dos grupos que forman los semai y los temiar de las "selvas de las nubes" ubicadas en el centro montañoso de la península. Más numerosos, los temiar son los más conocidos. Su lengua es Indonesia, pero recibe aportes anamitas. La estimación de su número oscila entre 12.000 y 24.000. Altos y esbeltos, tienen la tez canela y los cabellos rizados. Se hallan naturalmente inmunizados contra la malaria y las demás enfermedades regularmente imperantes en su hábitat.

Los contactos con los aborígenes se han tornado hoy por hoy muy difíciles, por causa de los malayos. Desde luego, todos parecen avergonzarse de aquéllos. En malayo "aborigen" se dice orang asli (hombre original), que no ha de confundirse con orang utan (hombre de la selva) como lo hicieron Gassendi, Tyson, Linneo (véase Tinland, 1968). Hablarles de los aborígenes equivale a tratarlos de simios, cosa inadmisible para ellos que ostentan, después del Japón, el nivel de vida más alto del Asia. Desde la guerra, por lo demás, siempre se han infiltrado en la jungla los guerrilleros comunistas, razón por la cual el ejército mantiene aisladas vastas zonas prohibidas. Por último, el Servicio de Asuntos de los Orang Asli ha puesto en marcha un mal llamado plan quinquenal de civilización, que en realidad lo es de exterminio. El primer plan de 1971-1975 permitió encontrar las técnicas de aproximación: a) instalar bungalows en las inmediaciones de la jungla con el propósito de atraerlos; b) establecer las visitas obligatorias al médico; c) imponer la escolaridad a todos los jóvenes orang asli, separándolos definitivamente de su cultura. La obsesión gubernamental parece estar en hacerles abandonar la selva, extraordinaria reserva de riquezas de un potencial incalculable (madera, estaño, bauxita...). A cambio de muchos kilómetros cuadrados de selva, se les ofrece un poblado dotado de tractores para cultivar la tapioca o el arroz de montaña. Se los ha tornado sedentarios y civilizados, poniéndolos a trabajar.

Hemos podido visitar muchos de estos centros de reagrupamiento, de los cuales el más conocido es Kampong Gombak, situado junto al río del mismo nombre. Más, a pesar de esta aculturación frenética, pudimos encontrar allí y en la jungla de las montañas algunos "maestros del sueño”, los hechiceros halaaq o los curanderos pawang que siempre recibieron la formación tradicional y demuestran una amabilidad infinita.

En lo que sigue nos contraeremos a describir su modo de vida y su cultura tradicional.

III- SU VIDA

Viven de la jungla con gran facilidad. Son, ante todo, vegetarianos y se alimentan de los frutos que recolectan: liqueas, frutos del árbol del pan, decenas de variedades de guineos y de dátiles. A ello debe agregarse un poco de caza practicada por los hombres, con ayuda de cerbatanas de bambú ("wrayi"), así como algo de pesca obtenida por medio de frutos soporíferos.

Su economía principal es la del ladang o roce. Prenden fuego a un jirón de jungla para cultivar en él legumbres, arroz, tapioca o mijo. Al principio el suelo es extraordinariamente fértil. Cuando comienza a agotarse se desplazan un poco más lejos para reiniciar la operación.
Habitan en poblados llamados kampong, formados por casas comunes. Como en toda la Indonesia, están construidas de bambú y roten, y edificadas sobre pilotes para defenderse de las crecidas causadas por los intensos aguaceros. Cada una de estas casas alargadas posee un corredor central y compartimentos para las diversas familias.

Lo más a menudo el poblado coincide con el clan. Poseen una organización que se basa en familias extensas. Son habitualmente monógamos, pero aceptan igualmente la poligamia y la poliandria. Pareciera que en otro tiempo hubiesen tenido una estructura patriarcal, pero en la actualidad están dirigidos por chamanes, esto es, por hechiceros-curanderos llamados halaaq o tohat.

Resulta asombroso observar que estos pueblos han sido capaces de resolver aquellos problemas a los que nosotros comenzamos a enfrentarnos: el ocio y la recreación. Los progresos de la mecanización y la industrialización harán que nuestras poblaciones dejen de estar ocupadas únicamente en trabajar. ¿En qué invertirán su tiempo? ¿En gigantescos juegos de luna-park o en la conquista del espíritu? Nos sería de provecho estudiar las soluciones de aquellos pueblos que han dado prueba de su capacidad.

La fertilidad excepcional del suelo y el hecho de que no haya estación seca ha hecho que los senoi no tengan necesidad de consagrar al trabajo más que dos horas diarias en promedio. Por otra parte, no tardan más de ocho días en construir su casa común, la que dura cinco años. Desconocen, por lo demás, la institución de la guerra. Su solo nombre es temido en toda la península. Carecen, por consiguiente, de ejército. Sus vecinos tienen tal temor de sus poderes mágicos que respetan un vasto no man's land que rodea su territorio.

Todo senoi es un hechicero temible, a la vez que un extraordinario artista creativo. Los senoi hacen decoraciones con objetos de bambú y roten, y cada día inventan nuevos y nuevos cantos, músicas y danzas.

IV- SU PERSONALIDAD BASICA

Su personalidad social e individual provoca admiración en todos aquellos que hablan de ella. Constituyen un pueblo comunitario, vegetariano, pacífico, cooperativo, dulce y bondadoso, que practica la ayuda mutua. Merced a la organización instaurada por los chamanes –verdaderos suprahechiceros-, en su país no existe más la violencia. No se conocen crímenes ni guerras locales desde hace ya dos o tres siglos. Este pueblo pacifico ofrece un modelo de sociedad democrática, en la que todo puede discutirse en las asambleas de los poblados.

Son esencialmente vegetarianos y bondadosos: toda forma de vida es para ellos objeto de escrupuloso respeto. Todo lo comparten. Los campos y las cosechas, al igual que las casas, son comunes. En todo momento intercambian donaciones que retribuyen recíprocamente. Toda su organización social gira en torno a la cooperación y la ayuda recíproca.

Quienes han escrito sobre ellos constantemente insisten en el gran poder personal que manifiestan. Entre ellos no existe la psicosis ni la neurosis. Su personalidad es muy sana: no se advierte ni deseo de posesión ni voluntad de dominación. La cooperación sustituye a la competencia. Psicológicamente, por tanto, señálanse por la integración de su personalidad y por su excepcional madurez emocional. La causa de esto parece residir en una técnica psicológica poco conocida que absorbe la mitad de su tiempo de ocio: la educación de los sueños.

V- LA EDUCACIÓN DE LOS SUEÑOS

En efecto, tanto su vida personal como su vida social está fundada en la educación de los sueños. Ello comienza desde el despertar: por la mañana, durante el desayuno, cada miembro de la familia cuenta sus sueños. Se discute sobre ellos y los mayores explican a los jóvenes cómo hubiesen debido actuar en sus sueños. Luego los hombres se dirigen a tomar parte en la asamblea del poblado. Allí se discute acerca de los sueños más importantes de cada familia. Los chamanes explican sus símbolos y significado. Es así como el conjunto de los sueños de la noche ha de determinar las actividades del día. Se ha de trabajar, por ejemplo, en la realización de los objetos vistos en sueños: indumentaria, pinturas, canciones, danzas, etc. La vida del poblado, entonces, tiene su centro en los sueños. Así emplearán los ensueños colectivos -ensueño cooperativo: ¿trátase de un sueño vigil?- para educar a los hijos. Más tarde los adolescentes han de conocer el éxtasis hasta que adquieran la condición de curanderos.

Su teoría (por poco que nos haya sido descrita) consiste en que es el hombre quien crea las imágenes del mundo exterior (tal es también el secreto de los hechiceros que Don Juan enseña a Castaneda, convergiendo en ello con la fenomenología y con Merleau-Ponty). Algunas no están bien integradas y entran, entonces, en conflicto entre sí o con aquél, trayendo consigo la desorganización mental y social. Ello puede evitarse en virtud de una ayuda social conformada por la educación y la psicoterapia. Durante el sueño (o, más bien, durante las ensoñaciones) el hombre es capaz de ver las imágenes de su espíritu que en el día se disfrazan como percepción. Si uno no llega a dominar a los seres del sueño, éstos desorganizan la personalidad. Si usted no coopera en buena voluntad con sus vecinos, las imágenes de éstos no le ayudarán en sus sueños. Por el contrario, la ayuda social recíproca hará que usted reciba cooperación y ayuda de todas sus íntimas fuerzas de sueño.

VI. LOS PRINCIPIOS Y LAS TÉCNICAS DEL DOMINIO SOBRE LOS SUEÑOS

Hemos retenido cinco principios en la educación de los sueños que practican los senoi.

1.- Enfrentar los peligros y superarlos

He aquí el principio básico del que se desprende todo el resto: nunca aceptar un papel de víctima y menos aún complacerse en él. Los elementos masoquistas de la personalidad encuentran su satisfacción en las múltiples pesadillas que constituyen el destino cotidiano de todos nuestro contemporáneos. Claro está que en nuestra civilización los sujetos son conducidos a ello por toda la herencia judeo-cristiana: paladean cada noche su purgatorio.

Los senoi, por el contrario, tienen como principio el acometer a toda imagen que lo agreda a uno. Si un niño senoi es perseguido por un tigre o devorado por él, tras contar por la mañana este sueño recibirá la orden de no volver a huir la próxima vez que lo tenga: antes bien, habrá de tornarse contra la bestia feroz enfrentándose a ella. Deberá, en seguida, hacer el intento de domarla o matarla. Si no es capaz de lograrlo por sí solo, pedirá ayuda a sus amigos. Ello dará más fuerza a su actitud cooperativa.

Reencontramos aquí el mecanismo a través del cual el analista de los sueños vigiles conduce a su cliente al saneamiento de éstos. A ello los senoi agregan que matar a un enemigo en sueños equivale a convertirlo en su sirviente o en su aliado (en el sentido, sin duda, de Castaneda). El chamán es aquel que en virtud de su dominación y su coraje ha logrado ganar aliados poderosos. En particular, ha de ser capaz de matar en sueños al tigre. El espíritu de éste se convertirá entonces en su aliado, prestándole en lo sucesivo ayuda en sus sueños. Si en otro sueño se ve perseguido por un perro, podrá llamar en su ayuda al espíritu del tigre, azuzándolo contra el perro. Será capaz incluso de enviarlo a los sueños de quienes lo atacan, según declaran los pueblos vecinos, en quienes los senoi infunden un temor tremebundo.

2. Llegar hasta el fondo de lo placentero

Así como es preciso luchar contar el mal, no hay que quedarse en lo que se ofrece sin más como placentero, sino darle cumplimiento por propia voluntad. Ya sea que se trate de volar por los aires, ya de relajarse, comer, beber, tener un encuentro sexual, amoroso o místico, siempre hace falta cooperar con ello poniendo algo de su parte. Por ejemplo, al volar por los aires no hay que dejarse llevar pasivamente, sino que habrá uno de aprovechar la ocasión para ir a explorar lo que se desea o para ir al encuentro de quien uno quiera. Si tiene, uno alguna relación sexual en sueños, no hay que dejarla inacabada, sino llevarla hasta el orgasmo. Se ha planteado el problema de la relación incestuosa, más las respuestas son divergentes. Según Stewart, no obstante, si uno se da cuenta en sueños de que está realizando un acto sexual incestuoso, es preciso llevarlo hasta el final, ya que aquello no constituye la realidad y las imágenes del sueño no son sino otras tantas partes de la psique del soñador. En la realidad, el incesto entre los senoi está tan estrictamente prohibido como entre nosotros. Sin embargo, los senoi piensan que si un individuo comparte en sus sueños mucho amor y sexualidad, ello ha de tornarlo cooperativo en la vida vigil.

3. Convertir todo lo negativo en positivo

No hay que intentar soñar lo contrario de lo que se hace presente: hace falta dar rodeos y desviar las cosas para alterar el sentido de lo que se produce. Por ejemplo, un sueño de caída que puede resultar desagradable o pavoroso, habrá de convertirse en un sueño de vuelo por los aires. Hace falta, por tanto, ser constructivo y percibir siempre el aspecto positivo de las cosas. Un llamado inquietante, en sueños, habrá de transformarse en un estímulo. Nunca está todo perdido en los sueños. Aún si en su sueño recibe el soñador la muerte, habrá de servirse de ello para vivir su muerte y darse una reencarnación más favorable, lo que le permitirá organizar la continuación del sueño de forma ventajosa para él (este mecanismo lo descubren regularmente las personas que tienen sueños vigiles y se encuentran en proceso de sanar). Al vivir, como tantos orientales y sujetos de sociedades tradicionales, en un sistema de dones y recíprocas prestaciones basadas en el don, los senoi aspiran a que todo sueño culmine en la recepción de un obsequio. Para ellos, por consiguiente, lo mejor es obligar al enemigo a que nos ofrezca un regalo. Esto podrá tornarse en la solución de un problema de la vida real: un cuento, un poema, una canción, una idea para un dibujo, etc. Puesto que ha sido creada por nosotros, la imagen hostil de un sueño se revela como una parte constituyente de nosotros mismos. En lugar de destruirla, resulta preferible enfrentarla para neutralizarla y transformarla, convirtiéndola en un bien.

4. Reparar durante el día los daños y las ofensas ocurridos durante el sueño

Esto corresponde al principio según el cual hay que atribuir al sueño la mayor importancia (no se tratará, por cierto, de procurar la realización de las divagaciones habituales de nuestros sueños, sino de tomar en consideración las ensoñaciones importantes que nos impresionan por su particular atmósfera. Más, por su educación, los senoi sólo tienen ensoñaciones de valor).

Si alguno de sus amigos ha ejecutado en sueños un acto hostil, el senoi irá a decírselo, o al menos se lo comunicará por intermedio de sus padres, de tal suerte que aquél pueda manifestarle su buena voluntad. Este reparará simbólicamente su agresión mediante algún obsequio y a partir de ese momento se cuidará de guardar distancia durante algún tiempo.

En ello volvemos a encontrar un rasgo del comportamiento de los orientales que para los primeros colonizadores que los describieron resultaba característico. El bueno de Levy-Bruhl veía allí una infracción del principio de realidad. Todos los racionalistas, junto con él, mucho mofábanse de aquel canaca que había venido a solicitar reparación por su sueño a un blanco (un misionero que había robado sus calabacines -o que se había acostado con su mujer, pues hay distintas versiones). El oriental, sin embargo, no confunde en absoluto el sueño con la realidad. Bien advierte por la mañana que los calabacines están en su huerto y no se acerca a solicitar que le devuelvan el equivalente de lo que vio comer. Sólo ha sentido una intención hostil (la que, en este caso, resultaba evidente, ya que todos aquellos blancos que habían venido a explotarlos y a prohibirles sus creencias y su cultura terminaron exterminándolos) y acude en embajada a proponer un ofrecimiento de paz, dando a la persona conflictiva la posibilidad de establecer una alianza con él, al manifestar su buena voluntad y comprometerse mediante un obsequio en el sistema de las donaciones y sus contrapartidas recíprocas. Pero aquellos pobres blancos que apenas recordaban sus propios sueños, sintiéndose imbuidos de su superioridad, sólo veían en ello un ejemplo de creencias insensatas y de “mentalidad prelógica”.

La cooperación llega a tal punto entre los senoi que el no acudir en ayuda, en una ensoñación, equivale a un acto de hostilidad. Ello igualmente ha de ser objeto de reparación durante el día, anulando a través de un obsequio simbólico el comportamiento de su imagen de sueño y dando seguridades a la víctima de que, tanto en el sueño como en la realidad, se está pronto a acudir en su ayuda.

En sentido contrario, si un soñador ha visto a un miembro del poblado en situación dificultosa, por ejemplo atacado por un tigre, no dejará de ir a advertírselo y recibirá en recompensa un obsequio por su actitud. Los ancianos, con todo, le ordenarán que rehaga ese sueño otra vez, que no se conforme tan sólo con aquella buena voluntad y emprenda la tarea de eliminar al tigre que así amenazara en sueños a alguno de sus parientes. De esta forma, por tanto, aún en sus sueños debe un senoi compartir los beneficios, extrayendo de ello las ventajas que corresponden a la comunidad.

Por consiguiente, así como el mal sueño ha de ser objeto de reparación en la realidad diurna, también ha de poder servir un sueño para enmendar una falta cometida durante el día. Un joven senoi había traído de la jungla, en una oportunidad, algunos granos de calabaza silvestre y, por cierto, no había dejado de compartirlos con sus vecinos. Pero como éstos les provocaran diarrea, sentíase culpable y causante de envenenamiento. Por la noche se le apareció en una ensoñación el espíritu de la calabaza y le reveló que aquello no era alimento, sino un remedio, comunicándole el canto y la danza correspondientes. Al transmitirlos por la mañana a la comunidad, pudo recuperar el aprecio del grupo y su autoestima.

Descubrimos aquí un mecanismo psicosocial muy complejo. Lo más íntimo y secreto de todo individuo reside en sus sueños. De ello ha de hacer don entregándolo a su familia y a su comunidad. No es posible compartir nada más personal. Pero, de modo inverso, la aceptación social de los sueños de un individuo constituye su más profunda incorporación posible como miembro de la comunidad. A través del sueño el sistema social de los senoi desarrolla la cooperación y la buena voluntad. Lo puede hacer porque acepta y favorece la máxima libertad de expresión de todos. Si los senoi pueden parecernos inferiores por sus maquinarias y armamentos, nos superan con mucho por sus técnicas psicológicas de expresión y de inserción social, que resulta mucho más evolucionadas que las nuestras. Si en sueños un individuo riñe con las imágenes de sus vecinos y sus amigos, otro tanto hará en la vida real. Es preciso, por tanto, comenzar por el control de nuestros sueños, ya que es nuestro inconsciente el que domina.

Para los senoi el cuerpo espiritual está formado por cuatro elementos: sengin, el alma de la que depende la vida; ruai, el espíritu de la cabeza que puede abandonar el cuerpo durante el sueño; jereg, el espíritu del hígado, capaz de proyectarse en el espacio y el tiempo; kenlok, el espíritu de los ojos que controla las sensaciones; hinum, el soplo de la respiración que anima las palabras. Para tener ensoñaciones, es preciso que ruai y otro espíritu puedan abandonar el cuerpo. Los grados superiores exigen una participación cada vez mayor de estos espíritus. El chamán es aquel que sabe emplear los cuatro a la vez (salvo sengin, que sólo abandona el cuerpo con la muerte). (Esto evoca los chakra de los yogi o los lataif de los sufíes).


5. Encontrar consejeros y guías en los sueños

He aquí la técnica suprema. Después de la donación de un obsequio, lo más beneficioso en un sueño es encontrar un guía. En sus sueños los senoi entran en contacto con los espíritus de las cosas, los que corresponden a aquello que se denomina genios de la naturaleza (el espíritu de las fuentes, de los árboles, de las tocas, de las especies vegetales y animales...).
Entre nosotros esto era ya conocido por los celtas y los galos. Por lo demás, las prácticas de los druidas se perpetuaron entre todos los hechiceros de la Edad Media. Allí reside, asimismo, la técnica psicoterapéutica de mayor eficacia, según fuera ésta redescubierta por Jung y por Desoille. No se puede curar a un individuo dejándolo abandonado a su soledad, sin darle más horizonte que el rudo materialismo de Freud. El individuo no alcanza su plena integración sino una vez que se ha unido a las grandes figuras de poder de la sublimación. Sanar del todo a alguien consiste en darle la posibilidad de que encuentre un sentido a su existencia. Es preciso que se sienta unido a su comunidad y, por encima de ésta, a todas las formas vivientes y a todas las fuerzas del universo.

Mediante sus técnicas psicológicas, los senoi adquieren poder en sus sueños frente a las imágenes de las cosas, de las plantas y animales; más tarde, logran adquirirlo sobre los seres humanos y, por último, sobre las grandes figuras dotadas de autoridad y aun sobre los propios dioses. Quienes hayan logrado capturar en sus sueños el espíritu del tigre, que es el señor de la jungla, serán para ellos los más poderosos. Este espíritu ha de tornarse su hijo, llamándoles “padre”. Es él quien habrá de instruirlos acerca de la religión y las danzas sagradas. En virtud de su poder superior, ellos mismos llegarán a ser guías o chamanes. No parece posible imaginar mejor técnica psicoterapéutica de integración de la personalidad.

Sería oportuno, por lo demás, realizar estudios acerca del dominio sobre los sueños entre los otros pueblos del sudeste asiático. Técnicas equivalentes se encuentran (o han estado) ampliamente difundidas, al parecer. Bitard (1959), por ejemplo, señala que los kha y los pnong, que pertenecen a los pueblos autóctonos de las provincias orientales de Camboya, "sueñan por encargo" y se dejan guiar por sus sueños (vale decir, por sus ensoñaciones) en todas las circunstancias importantes de su vida. Algo similar ocurre en toda la Indonesia, según hemos podido comprobar desde Sumatra hasta Bali. Trátase, de. hecho, de un saber primordial que es muy familiar entre los aborígenes australianos: su vida y su cultura reproducen sus sueños.


BIBLIOGRAFÍA


BITARD, P.: "Les songes et leur interpretation chez les Cambodgiens" [Los sueños y su interpretación en los camboyanos], en Les songes et leur interprétation [Los sueños y su interpretación], Seuil, 1959, págs. 242-273.

DENTON, R.K.: The Senoi: a nonviolent People of Malaya, Holt Rinehart and Winston, Nueva York, 1968.

GEOFFREY, B.: The Temiar Religion, Singapur, 1972.

NOONE, H. y HOLMAN, D.: In Search of the dream People, Morrow, Nueva York, 1972.

ROHEIM, G.: Les portes du rêve [Las puertas del sueño], Payot.

STEWART, K.: "Culture and personality in two primitive groups", en Complex, Nº 9, 1974, págs. 3-23.
"The dream comes of age", en Mental Hygiene, Nº 46, 1962, pp. 230-237.
"Dream theory in Malaya", en Ch. Tart, Altered States of Consciousness, Anchor, Nueva York, 1972, págs. 161-170.
The mental age of the Sleep Mind, Nueva York, 1974.

TINLAND, F.: L'homme sauvage [El hombre salvaje], Payot, 1968.

WINSTEDT, R.: The malay magician, Routledge, Londres, 1951.

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MensajeTema: Re: Del Soñar Despierto al Despertar Dormido   Lun Oct 31, 2011 3:52 am

El marqués lúcido

Uno de los pioneros del sueño lúcido en Occidente fue Hervey de Saint-Denys (más precisamente, Marie-Jean Léon Lecoq, barón de Hervey de Juchereau y marqués de Saint-Denys, sinólogo, profesor de chino y manchú en el College de France), quien escribió, en 1867, Les Reves et les Moyens de les Diriger, obra en la que relata muchas de sus innumerables experiencias de sueño lúcido y desarrolla algunas teorías a partir de ellas.

Sin saber nada respecto de los senoi, por supuesto, Hervey de Saint-Denys cuenta que durante muchos años sufrió de pesadillas recurrentes en las que huía por largos corredores y series de habitaciones, tratando de cerrar las puertas detrás de sí, mientras era perseguido por una horda de monstruos. Durante esas pesadillas nunca se percató de que estaba soñando, hasta que una vez tuvo la idea y la voluntad de detenerse, darse vuelta y enfrentar, con un gran esfuerzo, a los monstruos que lo perseguían. Al hacerlo, desaparecieron los acompañantes del monstruo principal, que casi detuvo su avance, balanceándose grotescamente. Hervey de, Saint-Denys pudo, en ese momento, concentrar su atención y observar detenidamente sus exuberantes rasgos en todos sus detalles. El monstruo empezó entonces a cambiar de textura, tomando un aspecto de algodón, convirtiéndose por último en un traje abandonado. Desde entonces, nuestro marqués no volvió a tener nunca más esas pesadillas, por lo menos en forma espontánea.

Hervey de Saint-Denys descubrió a temprana edad que podía darse cuenta durante un sueño de que estaba soñando sin despertar, y de que podía influir en gran medida en el desarrollo de su sueño con su voluntad e imaginación. Por ejemplo, para cambiar una situación onírica, puso en práctica el método de taparse los ojos con una mano en sueños. Así desaparecía el escenario de su sueño y aparecían, casi siempre, las imágenes de aquello en que pensaba deliberadamente. Así podía evocar, a voluntad, las visiones de sus antiguos monstruos, aunque estuviera contemplando, en el sueño, un bucólico paisaje campestre…

Hace más de 120 años, según parece, sin conocer la enseñanza de la tradición budista tibetana al respecto, Hervey de Saint-Denys comprobó que podía entrar conscientemente en el estado de sueño. Primero era testigo del desfile habitual de imágenes hipnagógicas: aquellas imágenes que “conducen al sueño” y que constituyen, para algunos sujetos, un verdadero diaporama gratuito al irse a dormir. Se dio cuenta de que algunas de éstas comenzaban a tomar un carácter más vívido y preciso. A partir de ellas, se iniciaba la trama de un sueño, en el cual Hervey de Saint-Denys era un actor consciente y atento. Al hacerse despertar por un amigo unos cuantos minutos después de haberse dormido, era capaz, de reconstruir todo el desarrollo onírico, desde las primeras imágenes hipnagógicas hasta el momento en que su sueño había sido interrumpido.

También descríbe su entrenamiento progresivo, como despertar a voluntad de sus sueños lúcidos, con un esfuerzo que implicaba en particular una contractura de la musculatura pectoral y abdominal. Se percató, asimismo, de la relación entre lo vívido y la precisión de las imágenes y la profundidad del sueño. Cuando notaba que las imágenes que veía empezaban a perder precisión y colorido, sabía que estaba acercándose al despertar, y concentraba entonces su atención en ellas para lograr que el sueño recuperara su profundidad. Así, Hervey de Saint-Denys enfatiza especialmente el rol de la voluntad y la imaginación en sus sueños, que eran en su gran mayoría lúcidos, y demuestra con sus experiencias que se trata de habilidades que se pueden desarrollar con un entrenamiento perseverante. En esto se contrapone a sus contemporáneos, que consideraban estas vivencias como imposibles o descabelladas, y se acerca mucho a las prácticas senoi.

MAS EXPERIENCIAS DEL MARQUÉS


Durante su adolescencia, el marqués Hervey de Saint-Denys, se ejercitó para conseguir una perfecta lucidez en sus sueños. En su libro "Les Réves et les moyens de les diriger", publicado en 1867, este sinólogo explica cómo llegó a interesarse en sus sueños.

Como realizaba sus estudios en su casa, sin condiscípulos, estaba obligado a redactar en solitario sus deberes y a presentarlos a horas fijas. Una vez terminados esos trabajos escolares a menudo disponía de tiempo durante el cual se distraía dibujando en un álbum. Un día, cuando contaba 13 años de edad, se le ocurrió la idea de hacer croquis de seres y de cosas que hubiera visto en sus sueños, colorearlos y añadir algunas notas que relataran esos sueños. Como le tomara gusto al asunto, se ejercitó en la conservación del recuerdo del sueño en todos sus detalles. A medida que enriquecía de este modo su álbum, aumentó el control que ejercía sobre sus sueños, hasta que finalmente obtuvo un perfecto dominio de ellos. (Lo mismo que cualquier persona aprende a moverse a voluntad en el mundo físico, lo cual nadie puede considerar como algo negativo). Y de este modo consiguió ser consciente, al soñar, de su estado onírico e, incluso, recordar sus preocupaciones del día, de manera que el sueño se convirtió para él en una divertida prolongación de la vida diurna.

Una vez adulto continuó cultivando sus sueños. A veces hacía que lo despertaran para recordarlos mejor. Otras veces provocaba él mismo su despertar, cuando hubo aprendido a sacudirse el sueño mediante un gran esfuerzo de su voluntad.

Nuestro marqués se sumergió en el estudio de las obras consagradas a los sueños. Su insuficiencia le decepcionó. Juzgaba sin valor alguno todos los intentos de explicación de la actividad onírica a través de la fisiología ya que, según pensaba él, conocemos demasiado poco "los nexos misteriosos que unen el alma a la materia para que la anatomía sea nuestra guía en aquello que la psicología tiene de más sutil". (Les reves et les moyens de les diriger, 62).

Hervey de Saint-Denys, empleando el procedimiento enseñado más tarde por D.Juan a Carlos Castaneda, y que supo descubrir por sí mismo, se ejercitó en el examen atento de objetos que viera en sus sueños. El denominaba "imágenes" a esos objetos ya que, según él, soñar era tener la visión interna de una sucesión de imágenes, todas creadas por la mente del durmiente. El afirmaba que si el pensamiento de un hombre no adquiría "ni cuerpo ni color" era porque el mundo ambiente se lo impedía. Pero a medida que el sueño lo ganaba, su pensamiento "se colorea y toma cuerpo; ése es el sueño, y el sueño es la forma del pensamiento mientras se duerme". Así pues, para él, el sueño no era sino "un pensamiento de una especie particular" y todo pensamiento de un hombre dormido era un sueño(ibid., 165). Esta es una concepción aparentemente opuesta a la de D.Juan Matus quien, como casi todos los ocultistas, consideraba que el mundo de los sueños era tan real como el de la vigilia.

Hervey de Saint-Denys observó que cuando las imágenes del sueño palidecían y se emborronaban, el sueño no tardaba en disiparse. Y, al contrario, observó que cuanto más netas eran las imágenes, más profundo era el sueño y menos próximo estaba el despertar. Por consiguiente, cuando quería oponerse a su despertar, cuya proximidad le venía anunciada por la creciente imprecisión de las imágenes, se concentraba en una de éstas, en una hoja de árbol, por ejemplo. Entonces la veía recuperar poco a poco su nitidez. Sus contornos le aparecían más claramente, su color era más vivo. Cuando había conseguido distinguir perfectamente sus más mínimos detalles abandonaba este examen tan atento seguro de haber alejado de sí la salida del adormecimiento de su cuerpo físico y de haber prolongado su sueño.

Una noche eligió su mano derecha para contemplarla a fin de hacer continuar su sueño. Este, perfectamente lúcido, le permitió darse cuenta de que conservaba un control tan completo de su actividad mental como en estado de vigilia... podía, a gusto suyo, ir a la derecha o a la izquierda, detenerse, mirar a una o a otra dirección, en resumen, actuar tal como él quería. (ibid.,358).

Fueron verdaderas "elaboraciones del sueño", según la expresión del brujo D.Juan, a lo que procedió el honorable académico. Consiguió no sólo rememorar con exactitud sus experiencias oníricas sino también desplazarse en sueños muy lejos del lugar donde reposaba su cuerpo físico. Veamos el relato de uno de sus viajes nocturnos:
"Esta noche he soñado que mi alma había salido de mi cuerpo y que recorría inmensos espacios con la rapidez del pensamiento. Me transporté primero a una población salvaje. Asistí a un combate feroz sin correr riesgo alguno pues yo era, a la vez, invisible e invulnerable".

La misma noche, antes de despertarse, se encontró en su habitación. Tuvo entonces, durante un momento, lo que él consideró como una "extraña ilusión". Se vió mirando su cuerpo dormido, antes de volver a tomar posesión de él. (ibid.,369).

En otro sueño deambuló por una calle de la que observó gran cantidad de detalles. Varios años después de ese sueño, durante un viaje a Francfurt, reconoció allí esa calle, sin error posible, según él afirma, ya que pudo ver, con sus ojos carnales, todos los detalles que había observado en su sueño con su mirada interior y que había anotado cuidadosamente en su álbum.

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MensajeTema: Re: Del Soñar Despierto al Despertar Dormido   Lun Oct 31, 2011 3:53 am

El trabajo sufi en el umbral del sueño

En la tradición sufi, se realza la importancia del umbral que separa el estado diurno de vigilia y el estado de dormir con sueños. “Cuando uno está posado, con un precario equilibrio, en este umbral – explica el Pir Vilayat Khan, Maestro sufi contemporáneo que visitó Chile hace algunos años – se filtran fugaces indicios de las dimensiones superiores del ser. ” Y añade que el secreto de la habilidad de mantenerse en este umbral consiste en ser capaz de ir y venir entre el estado de vigilia, en que uno distingue claramente entre su consciencia de observador y el objeto de su darse cuenta – sea este el mundo físico o su propia psique – por un lado, y el estado de sueño en que las imaginaciones espontáneas fluyen libremente desde nuestra consciencia. Diversas tradiciones esotéricas enseñan a sus discípulos métodos para mantenerse en este umbral, entre ellas la secreta práctica del Nidra Yoga, además del budismo tibetano y el sufismo.

Cuando ponemos el foco de nuestra atención en nuestros pensamientos emergentes, caemos de nuevo en el formato diurno de la dualidad sujeto-objeto, en el punto de mira del ego, y perdemos nuestra espontaneidad. Podemos comprender, así, el rol de la luz coherente de nuestra inteligencia cuando se proyecta a la región nebulosa del inconsciente, al estar posados en el umbral entre la vigilia y el sueño: el de hacer coherente el paradójico patrón de interferencia de ondas de nuestra mente en su formato implicado (en el sentido de David Bohm) para obtener un significado comprensible, al precio de reducir al mismo tiempo la riqueza de nuestra mente oculta.

Por consiguiente — explica el Pir Vilayat – para sintonizarnos en un estado de ‘reverie’ (ensueño) tenemos que consentir en perder nuestra identidad en el flujo de los pensamientos. Para poder desconectarnos de nuestra perspectiva diurna debemos aceptar que no sólo el mundo físico no es lo que parece ser, sino que tampoco nuestra autoimagen es nuestra verdadera identidad. ” Y realizar que la forma que asumen nuestras imaginaciones no son nuestras imaginaciones sino sólo proyecciones de ellas, la punta del iceberg, por así decir. Por consiguiente, debemos dejar que las formas emerjan naturalmente del flujo onírico sin tratar de enfocar directamente la luz sobre ellas ni preocuparnos acerca de si dejarán o no una traza en nuestra memoria diurna.

Cuando la persona se haya acostumbrado a ir y venir entre estas dos perspectivas, llegará a un punto en que será capaz de mantener un doble contacto simultáneo con ellas. “Allí es donde nuestra psique consciente tendrá acceso a una invaluable fuente de recursos que revelará nuevos significados para nuestros problemas o desarrollo personal o nos inspirará en nuestra creatividad, especialmente en los trabajos artísticos. Y para esto es necesario entrenarse con repetida autosugestión antes de dormirse – nos recuerda el Pir – hasta que nuestra mente incorpore efectiva y naturalmente esta práctica… ”

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MensajeTema: Re: Del Soñar Despierto al Despertar Dormido   Lun Oct 31, 2011 3:54 am

El sueño lúcido en la tradición tibetana:
preparándose para morir lúcidamente


En octubre de 1992, tuvo lugar en Dharamsala, India, un taller privado de, científicos occidentales con S.S. el XIV Dalai Lama y otros representantes de la tradición tibetana sobre el tema “Dormir, soñar y morir”, coordinado por el el neurobiólogo chileno Francisco, Varela, Este taller fue el cuarto de una serie de encuentros sobre la mente, y la vida – cuyo primer volumen, llamado Diálogos entre el Budismo y las Ciencias Cognitivas apareció en Shambhalla Press, USA – organizados por iniciativa de S. S. el Dalai Lama.

Esta vez, la idea unificadora del encuentro fue el estudio de aquellos “estados marginales en que la mente cognitiva se “desarma” por así decir , según explicó Francisco Varela. En particular, se discutió sobre los estados llamados de “cuasi muerte, la neurobiología y la psicología del sueño, el sueño lúcido y sus aplicaciones en Occidente a partir de presentaciones hechas por especialistas occidentales en estos temas, completadas por la descripción de la especial tradición tibetana del Yoga del Sueño y las enseñanzas sobre el Bardo – estado intermedio entre la muerte y el siguiente renacimiento – a cargo de un yogui del sueño tibetano.

“Una de las primeras comprobaciones del taller – relata Varela – fue que para los tibetanos el trabajar con la lucidez en el sueño es algo banal. ” Y les divierte, de hecho, la tendencia occidental de usar la lucidez en el sueño para manipularlo, aunque sea con fines terapéuticos, para liberar traumas, represiones, tener experiencias placenteras, etc.

“La actitud de ellos agrega – es que el sueño, dicho someramente, es una especie de ‘ruido de fondo’. El proceso de transformación se acaba cuando uno agota sus sueños. El Buddha no sueña… porque no necesita soñar.” El sueño es la manifestación, no constreñida por el acoplamiento sensoriomotor, como dicen los neurobiólogos, de todas las tendencias habituales que la persona trae. Cuando toda esa actividad mental y esas emociones diversas, conflictivas o no, han sido usadas completamente, lo que ocupa su lugar es el estado que, para ellos, es el más interesante de todos: la luz clara del sueño”, aquel estado de consciencia lúcido sin contenido.

Cómo se puede describir este estado? “Supongamos explica Francisco Varela – que la idea, mejor dicho la experiencia del sueño lúcido nos sea ya familiar: estás soñando y, de pronto, despiertas en el sueño y te das cuenta de que estás soñando. Según tu grado de habilidad puedes entonces jugar con el contenido del sueño, transformarlo, dirigirlo, etc. Pero lo que dice la tradición budista tibetana es que, en lugar de jugar con el sueño, puedes volver a la médula de sus instrucciones de relajar y reposar la mente de manera radical, en profundidad, por completo. ” Y agrega que, al hacerlo, ocurre como si el sueño entrará en colapso y quedara sólo una especie de centro, de núcleo de consciencia bien despierta, pero que no tiene contenido, un simple darse cuenta (“naked awareness”). Es muy distinta y muy parecida, al mismo tiempo, de aquella que se puede haber experimentado en estado de vigilia. Es muy distinta porque es pura, totalmente pura, una clara luz, una lucidez sin ninguna olita. Y cuando la persona despierta, la transición al despertar se realiza como si no hubiera transición, y en eso esta consciencia se parece a la consciencia de vigilia. La clara luz de un zazen, una meditación bien hecha o la experiencia de una presencia muy vívida en la vida cotidiana están impregnadas de esa misma intensidad, pero allí hay contenido. Está, por lo menos, todo el funcionamiento mínimo, con un cierto contenido sensoriomotor, de memoria, pero en la vivencia en el sueño no hay nada. La diferencia es que el despertar no es un despertarse de otra cosa. La persona está en lo mismo. Es como que el mundo aparece, se superpone, sin cambiar el escenario… Eso es lo que hace la continuidad de consciencia, y la experiencia de sueño lúcido llevada a ese punto, en que el soñador experimenta como el colapso del sueño, según la tradición se parece mucho a la primera etapa de la muerte. Cuando una persona está muriendo, como su cuerpo está muriendo, en vez de colapsar el sueño, son los sentidos los que se están colapsando ! Y se puede llegar al mismo punto, si la persona lo sabe ver… Ese es el punto crucial !

“Es notable que, aunque esta etapa de la luz clara del sueño es conocida experiencialmente, aunque sea de manera esporádica, por algunos occidentales, como Hervey de Saint-Denys, Patricia Garfleld, Stephen LaBerge – continúa Varela – es casi desconocida en la literatura. En Occidente no se habla ni se conoce acerca de ese estado. Los soñadores lúcidos se han quedado en la lucidez en todo lo que se puede hacer, cambiar el contenido del sueño, etc. ” Pero falta la orientación más contemplativa, en que la idea es, por el contrario, recordar y poner en obra la instrucción clave de zazen, dzogchen o mahamudra. Ahí los tibetanos nos dicen que estamos pasando por alto el punto esencial, llegando al umbral y no entrando en la casa.

Cómo se llega a la luz clara?, podría preguntarse el lector. Y Francisco Varela responde: “Si has trabajado en meditación en el sentido clásico, en qué te has entrenado ?, El dirigir tu atención a estar en el momento y relajar todo lo que sea accesorio, una y otra vez. Y de pronto ocurre que recuerdas esa actitud al estar comprando en el supermercado. Y así, el recordar la instrucción de fondo, empieza a ser parte espontánea de lo que te viene a la mente. Es mi experiencia en estos sueños lúcidos: me doy cuenta de que estoy soñando y, entonces, me sucede en el sueño lo mismo que al estar comprando en el supermercado, espontáneamente. Ah !, estar aquí, simplemente, relajado, es algo que llega a estar incorporado a la médula, tanto en vigilia como al soñar.

Pero no es algo que se pueda producir. Lo único que se puede trabajar es hacerlo una y otra vez en la vida, donde tienes la voluntad de hacerlo, de manera que en el sueño aparezca en forma espontánea, tal como ha llegado a aparecer en la vida diaria. Ahora, si no aparece espontáneamente en la vida cotidiana, no va a aparecer tampoco en el sueño. Ese es todo el misterio en la técnica del yoga del sueño. Lo único que hay que hacer es tener muy claro que las instrucciones hay que aplicarlas en todo momento, incluso llevar al momento de dormir la intención de aplicarlas en el sueño. Dormirse con esa intención, que no será suficiente si la persona no la tiene incorporada casi como un automatismo, que viene regularmente en la vida cotidiana. ”

Otra cosa cierta es que hay que mantener una especie de entrenamiento, de recurrencia, en tratar a esta realidad como si tuviera en alguna medida las propiedades del sueño. Darse cuenta de que tampoco en esta realidad las cosas son tan sólidas como parecen. “En el sueño, uno no tiene este acople sensoriomotor de la vigilia – acota Francisco Varela – entonces las cosas son enormemente fluidas. Pero en este mundo, aunque están más constreñidas, tampoco están solidificadas como sí fueran de cemento; tienen una calidad onírica también, un elemento de lo inesperado, de las transiciones bruscas, de lo que pasa sin que sepa de dónde viene… Cultivar esa apreciación hace que la transición entre los dos estados, de vigilía y sueño lúcido, sea muy natural. Y no es tan difícil, según mi experiencia…” Por supuesto, quien haya practicado intensivamente muchos años y rara vez no esté “presente” en su vida cotidiana, seguramente no tendrá transición, al dormirse continuará en forma ininterrumpida en la luz clara. Pero si es algo que ocurre de vez en cuando, es como si después de una semana dormidos, tuviéramos un momento de presencia. .. No es como para estar muy orgullosos, en opinión del especialista… Aunque es mejor que nada.

El científico chileno relata que durante el taller, un “dream yogui’ (yogui del sueño) dio una clase magistral sobre la relación meditación-sueño lúcido, y sobre el sueño lúcido como un instrumento y no un fin en sí mismo: “Aunque la meditación no es el único camino para llegar al sueño lúcido, yo no entenderia cómo llegar a la luz clara del sueño sin la práctica de alguna forma de meditación que reconozca la cualidad desnuda de la mente. ”

Por supuesto, se puede ser lúcido en el sueño sin meditar, como Hervey de Saint-Denys. Más aún, S. LaBerge ha fabricado ya una maquinita para inducir el sueño lúcido: cuando el aparato detecta que uno está soñando (por los movimientos oculares rápidos) proyecta luces a través de los párpados…

Por otra parte, un experimento que no se ha hecho aún, y que interesa mucho al Dalai Lama, según nos informa Varela, es analizar fisiológicamente qué ocurre en el cerebro de un soñador que está experimentando la luz clara.

Finalmente, es importante comprender que, según la tradición tibetana, el sueño lúcido y la experiencia de la luz clara son sólo una preparación, un entrenamiento previo para el bardo, el tránsito después de la muerte. De hecho, el proceso mismo de la muerte parece depender dramáticamente del nivel de maestría del sujeto en estas prácticas. El proceso de muerte total, en el sentido energético y sutil, se desarrolla mucho más lentamente, sin los fenómenos de hedor, rigor mortis ni degradación física, como han podido comprobar con sorpresa los neurofisiólogos occidentales, como en el caso de Chogyam Trungpa, por ejemplo, y de un yogui, en Dharamshala, durante el taller. Y estas son sólo manifestaciones físicas del comienzo del proceso del bardo, durante el cual es fundamental que la persona pueda despertar, como en el sueño lúcido, y no ser víctima de las múltiples y poderosas ilusiones que lo asediarán según el detallado conocimiento de la tradición tibetana sobre este tránsito.

Qué nos muestra este rápido panorama de los avatares y facetas del sueño lúcido en diversos pueblos y sociedades? Qué nos enseña? Que el sueño lúcido es una capacidad natural, presente en mayor o menor grado en todos nosotros, y que puede ser desarrollada en un grado notable por una práctica perseverante. Que puede ser utilizada para muy diversos fines: terapéuticos, sociales o simplemente lúdicos. Que sus facetas han sido exploradas por distintas culturas. Pero que en nuestra época de “aldea global”, tenemos la posibilidad de acceder a técnicas y métodos que eran totalmente desconocidos en Occidente hace sólo unas décadas.

Y muy particulamente, descubrimos que la tradición del budismo tibetano nos recuerda que el sueño lúcido es una ocasión de práctica de la experiencia fundamental de la atención desnuda, y una preparación o entrenamiento previo para el despertar durante el bardo o tránsito entre las vidas. Esto nos hace comprender que aprender a despertar en nuestros sueños es, en realidad, una oportunidad para comenzar a aprender a morir…

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MensajeTema: Re: Del Soñar Despierto al Despertar Dormido   Mar Nov 01, 2011 1:35 am

CARLOS CASTANEDA

En su "Viaje a Ixtlán" escribe el antropólogo Carlos Castaneda algunas de las enseñanzas del brujo yaki Don Juan, en relación al mundo onírico. Un día de agosto de 1961 le dijo lo siguiente: "Te ha llegado el momento de aprender a acceder al poder, y vas a empezar por empuñar tus sueños."

Dos días después, de madrugada, tras conducirlo a la cumbre de una alta colina, le declaró:
"Aquí mismo voy a enseñarte la primera etapa del poder... voy a enseñarte cómo elaborar el sueño. "

Sus primeras instrucciones fueron:"esta noche, en tus sueños, te mirarás las manos."

Preguntado el por qué de esa observación, D.Juan le respondió que era indiferente mirar una cosa u otra y que había escogido las manos porque están siempre allí a disposición del durmiente. Explicó que el examen atento de un objeto es indispensable para "elaborar"el sueño ya que las cosas vistas en sueños cambian constantemente. Se difuminan y se desvanecen para dejar lugar a otras que, a su vez, hacen lo mismo. Castaneda debía, por lo tanto, ejercitarse a retener la visión ya que soñar "es real cuando se consigue hacer que todo sea claro y nítido".

Cuando llegó el momento de pasar a la segunda fase de su entrenamiento nocturno, C.Castaneda recibió esta breve indicación: "Escoge el lugar al que quieres ir (en sueños). Después, ten la voluntad de ir allí".

Así, D.Juan le enseñaba a obtener "sueños lúcidos". Los psicólogos denominan así al estado en el cual el durmiente, sabiendo perfectamente que está durmiendo, es netamente consciente de todo lo que le ocurre. Los ocultistas suelen denominar a esto "viaje astral". (No pocos escritores hacen alarde de su ignorancia publicando numerosas fantasías acerca de un acto tan natural y positivo como este de hacerse consciente de uno mismo en el mundo onírico).


El Dr. Frederik van Eeden, uno de los primeros psicoterapeutas, experimentó personalmente este estado. Basándose en sus propios sueños estableció en 1913 una clasificación de los sueños en 9 categorías. Una observación realizada en uno de sus sueños lo hizo "lúcido". Tenía la impresión de desplazarse flotando, en el aire, por encima de un paisaje de árboles sin hojas. Un hecho le llamó la atención: durante su recorrido aereo las ramas y ramitas de esos árboles se modificaban a sus ojos exactamente tal y como la forma de los objetos parece cambiar en el estado de "vigilia" para un observador que se mueve. Pensó que ese espectáculo no podía ser imaginario, que su imaginación no sería capaz de reproducir una semejante conformidad con las leyes de la perspectiva. Esa reflexión le hizo consciente de que se encontraba en el dominio de los sueños.

Sin embargo no hace falta rebuscar en la historia para encontrar indicios de lucidez en los sueños. Cualquiera que esté leyendo esta información se habra detenido alguna vez, en medio de un sueño, para decirse: "bueno, si no puede pasarme nada porque estoy soñando...". Y esto, como decimos, representa al menos un pequeño resquicio de lucidez.

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