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 SEXO, AMOR Y ORACION TRES PELDAÑOS HACIA LO DIVINO

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Sandrisha
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MensajeTema: SEXO, AMOR Y ORACION TRES PELDAÑOS HACIA LO DIVINO   Mar Jul 12, 2011 3:14 pm

SEXO, AMOR Y CONCIENCIA

TRES PELDAÑOS HACIA LO DIVINO (Osho)


Por favor descríbenos la significación espiritual de la energía sexual. ¿Cómo podemos sublimar y espiritualizar el sexo? ¿Es posible tener actividad sexual, hacer el amor, como una medita¬ción, como un trampolín hacia niveles más elevados de con¬ciencia?

La energía sexual no existe. La energía es una y la misma. El sexo es una de las formas en que se expresa, es una de sus direcciones; es una de las aplicaciones de la energía. La energía vital es una sola, pero puede manifestarse en muchas direcciones. El sexo es una de ellas. Cuando la energía vital se hace biológica, se transforma en energía sexual.

El sexo es sólo una forma de utilizar la energía vital. Así es que no existe la sublimación. Si la energía vital fluye en otra dirección, no hay sexo. Sin embargo, esto no es una sublimación; es una transformación.

El sexo es el flujo natural y biológico de la energía vital, y la forma más básica de utilizarla. Es natural por que la vida no puede existir sin él, y es la forma más básica porque es el fundamento, no la cima. Cuando el sexo es todo, la vida entera es sólo un desperdicio. Es como construir un cimiento y seguir en eso sin construir jamás la casa para la cual está destinada ese cimiento.

El sexo representa solamente una oportunidad para una transformación más elevada de la energía vital. El sexo está bien hasta donde llegue; sin embargo, cuando se transforma en el todo, cuando se transforma en la única puerta de salida de la energía vital, resulta destructivo. Puede solamente ser un medio, no el fin. Y los medios son significativos sólo cuando se alcanzan los fines. Cuando un hombre abusa de los medios, el objetivo se pierde. Si el sexo llega a ser lo más importante en la vida, (y eso ha ocurrido), los medios se transforman en fines. El sexo crea el fundamento biológico para que la vida exista y continúe. Es un medio; no debiera transformarse en el fin.

Si el sexo se transforma en el fin, se pierde la dimensión espiritual. Pero si el sexo llega a ser meditativo, se le encauza hacia la dimensión espiritual. Se transforma en un trampolín. No existe necesidad de sublimación porque la energía como tal no es ni sexual ni espiritual. La energía es siempre neutra. En si, no tiene nombre. El nombre depende de la puerta por la cual fluya. El nombre no es el nombre de la energía en sí; es el nombre de la forma que la energía asume. Cuando hablas de "energía sexual", te refieres a la energía que fluye a través del sexo, a través de una puerta biológica. La misma energía es energía espiritual cuando fluye hacia lo divino.

La energía en sí es neutra. Cuando se expresa biológica¬ mente, es sexo. Cuando se expresa emocionalmente, puede transformarse en amor, puede transformarse en odio, puede transformarse en ira. Cuando se expresa a través del intelecto, puede ser de tipo científico, puede ser de tipo literario. Es de tipo físico cuando se moviliza a través del cuerpo. Cuando se moviliza a través de la mente, es de tipo mental. Las diferencias no son diferencias de la energía como tal, sino que de la aplicación de sus manifestaciones.

Así, entonces, no es correcto hablar "de sublimación de energía sexual". Si no se utiliza la puerta del sexo, la energía vuelve a ser pura. La energía es siempre pura. Cuando se manifiesta a través de lo divino, se transforma en espiritual; sin embargo, la forma es sólo una manifestación de la energía.

La palabra "sublimación" tiene asociaciones muy negativas. Todas las teorías acerca de la sublimación son teorías de represión. Cuando hablas de "sublimación del sexo" té transfor¬mas en su antagonista. Tu condenación está allí, en la palabra misma.

Preguntas lo que uno puede hacer con el sexo. Cualquier cosa que se le haga directamente al sexo es una represión. Sólo hay métodos indirectos en los que no te implicas en absoluto con la energía sexual directamente, sino que, más bien, buscas abrir la puerta hacia lo divino. Cuando se abre la puerta hacia lo divino, todas las energías que hay en tu interior comienzan a fluir en esa dirección. El sexo es, entonces, absorbido. Cuando es posible alcanzar un éxtasis más elevado, las formas inferiores de éxtasis pierden atractivo. No se trata de que las suprimas o luches contra ellas. Simplemente, se marchitan. El sexo no es sublimado; es trascendido.

No transformarás la energía haciéndole algo negativo al sexo. Al contrario, producirás un conflicto destructivo en tu interior. Cuando luchas contra una energía, luchas contra ti mismo. Nadie puede ganar esa pelea. En algún momento sentirás que tú ganaste, y al minuto siguiente sentirás que el sexo te venció. Esto seguirá eternamente. Por momentos no habrá sexo, y sentirás que lo tienes controlado; luego, sentirás que el sexo nuevamente te jala y perderás todo lo que creíste haber ganado. Nadie puede ganar una pelea contra su propia energía.


Si una fuente de mayor éxtasis atrae tus energías, el sexo desaparecerá. No se trata de que la energía haya sido sublimada; no se trata de que le hayas hecho algo. Más bien, se te ha abierto un nuevo camino hacia un éxtasis mayor y automáticamente, espontáneamente. La energía comienza a fluir hacia la nueva puerta.

Si andas acarreando piedras y repentinamente te encuentras con diamantes, nunca te darás cuenta siquiera de que tiraste las piedras. Se caerán solas, como si nunca las hubieras tenido. Ni siquiera recordarás que renunciaste a ellas, que las abandonaste. Ni siquiera te darás cuenta. No se trata de que haya sublimado algo. Se, ha abierto una mayor fuente de felicidad, y las fuentes más pequeñas se han apagado por sí solas.

Esto ocurre en forma tan automática, tan espontánea, que no es necesario que hagas nada en contra del sexo. Todo lo que hagas contra cualquier energía será negativo. La acción positiva y verdadera ni siquiera guarda relación con el sexo: se halla relacionada con la meditación. Ni siquiera te darás cuenta de que el sexo ha desaparecido. Simplemente, lo nuevo lo ha absorbido.

Sublimación es una fea palabra. Guarda una tonalidad de antagonismo, de conflicto. El sexo se debiera tomar como lo que es. Es sólo el fundamento biológico que permite que la vida exista. No le otorguen ningún significado espiritual o anti espiri¬tual. Sencillamente comprendan el hecho factual.

Cuando se le considera como un hecho biológico, nadie se preocupa. Comienzan a preocuparse sólo cuando se le otorga algún significado espiritual. Así, por tanto, no le otorguen significado alguno; no le adjudiquen ninguna filosofía. Limítense a contemplar los hechos. No hagan nada a favor del sexo o en su contra. Permítanle ser lo que es; acéptenlo como algo normal. No asuman una actitud anormal frente a él.

Tal como tienen ojos y manos, también tienen sexo. No están en contra de sus ojos o sus manos, así es que no rechacen al sexo. En esa actitud, la pregunta acerca de lo que debe hacerse con el sexo resultará irrelevante. Crear una dicotomía en pro o en contra del sexo es irrelevante. Es un hecho consumado. Han llegado a este mundo a través del sexo, y es también a través del sexo que se les ha dado la posibilidad de originar un nuevo ser. Son parte de una gran continuidad. Su cuerpo va a morir, de modo que se halla programado para crear otro cuerpo que lo reemplace.

La muerte es segura. Es Por eso que el sexo es algo tan obsesivo. No estarán aquí para siempre, así que tendrán que ser reemplazados por un nuevo cuerpo, una réplica. El sexo es así de importante porque toda la naturaleza porfía en ello; de otro modo, el hombre no podría seguir existiendo. Si fuese algo voluntario, no quedaría nadie sobre la tierra El sexo es tan obsesivo, tan apremiante, el impulso sexual es tan intenso, porque la naturaleza entera lo apoya. Sin él, la vida no puede existir.

El sexo es muy importante para los buscadores espirituales, porque es tan involuntario, tan apremiante, tan natural. Se ha transformado en un criterio para saber si la energía vital de una persona determinada ha alcanzado ya lo divino. No hay forma directa de saber si alguien se ha encontrado con lo divino –no podemos saber si alguien tiene diamantes- pero sí podemos saber de inmediato si alguien ha abandonado las piedras, porque estamos familiarizados con las piedras. Sabemos de inmediato si alguien ha trascendido el sexo, porque estamos familiarizados con el sexo.

El sexo es tan compulsivo, tan involuntario, es una fuerza tan poderosa, que sólo podemos trascenderla si alcanzamos lo divino. Así, el bramacharya se transformó en el criterio para distinguir a aquellas personas que han alcanzado lo divino. Para esas personas, no existe el sexo habitual, el que practican los seres normales.

Esto no significa que podamos alcanzar lo divino si abandonamos el sexo. La contrapartida es una falacia. El que encuentra diamantes abandona las piedras que lleva, pero el reverso de esto no es verdad. Puedes abandonar las piedras, pero eso no significa que hayas alcanzado algo superior a ellas.

Te encontrarás entonces en un punto intermedio. Tendrás una mente de represión, no una mente trascendida. El sexo seguirá burbujeando en tu interior, y vivirás un infierno. Esto no es ir más allá del sexo. Cuando el sexo es reprimido, resulta feo, enfermo, neurótico. Se pervierte.

La así llamada actitud religiosa hacia el sexo ha creado una sexualidad pervertida, una cultura que es totalmente neurótica en el plano sexual. Yo no estoy a favor de ella. El sexo es una realidad biológica; no hay nada malo en él. Así es que no luchen contra él, o lo pervertirán y un sexo pervertido no es un paso hacia adelante. Es un descenso, es un paso hacia la insanidad. Cuando la represión es tan intensa que no pueden prolongada por más tiempo, termina explotando; y en esa explosión, tú te perderás.

En tu interior se encuentran todas las cualidades humanas, todas las posibilidades. La realidad normal del sexo es sana, pero cuando se le reprime anormalmente, tendremos una sexualidad enferma. Desde la normalidad, es muy fácil movilizarse hacia lo divino; pero hacerlo partiendo de una mente neurótica es arduo, y en cierta medida, imposible. Primero tendrás que sanar, volver a la normalidad. Al final de ese camino existe la posibilidad de trascender el sexo.

Entonces, ¿qué es lo que hay que hacer? ¡Conoce al sexo!
¡Recórrelo conscientemente! Este es el secreto para abrir una nueva puerta. Si abordas al sexo en forma inconsciente, serás sólo un instrumento en las manos de la evolución biológica; pero si puedes permanecer consciente durante el acto sexual, entrarás en una profunda meditación.

El acto sexual es tan involuntario y tan compulsivo que es difícil permanecer consciente en él; sin embargo, no es imposible. Y si puedes estar consciente durante el acto sexual, no existirá ningún otro acto en la vida en el que no puedas estas consciente, porque ningún acto es tan profundo como el sexo.

Si puedes estar consciente durante el acto sexual, llegarás a estarlo incluso en la muerte. La profundidad del acto sexual y la profundidad de la muerte son similares, paralelas. Llegas al mismo punto. Así, por tanto, si logras estar consciente durante el acto sexual, habrás dado un gran paso. Es algo inapreciable.

Así, entonces, utilicen el sexo como un acto de meditación. No luchen contra el sexo, no vayan en su contra. No pueden luchar contra la naturaleza; eres parte de ella. Debes tener una actitud amistosa hacia el sexo, simpatizar con él. Es el diálogo más profundo que puedes establecer con la naturaleza.


El acto sexual no es, en realidad, un diálogo entre un hombre y una mujer. Es un diálogo del hombre con la naturaleza, y través de la mujer; y de la mujer con la naturaleza, a través del hombre. Es un diálogo con la naturaleza. Por un instante, te encuentras en el flujo cósmico; estás dentro de la armonía celestial, sintonizado con el todo. De esta forma, el hombre se realiza a través de la mujer y la mujer a través del hombre.

El hombre no es completo, ni la mujer tampoco. Son dos fragmentos de un todo. Así, cada vez que se fusionan en el acto sexual, pueden estar en armonía con la naturaleza subyacente de las cosas, con el Tao. Esta armonía puede dar como resultado el nacimiento biológico de un nuevo ser. Si no estás consciente, esa será la única posibilidad. Sin embargo, si te encuentras cons¬ciente, el acto puede transformarse en un nacimiento para ti, en un nacimiento espiritual. A través del sexo, "habrás nacido dos veces".

Si participas en el sexo en forma consciente, te transformas en un testigo de lo que ocurre. Y, una vez que te transformas en un testigo del acto, trascenderás el sexo; la actitud de testigo te habrá liberado. Ya no habrá compulsión. No serás un participante inconsciente. Al transformarte en un testigo del acto, lo habrás trascendido. Ahora sabes que no eres sólo un cuerpo. El testigo en tu interior habrá conocido algo que lo trasciende.


Puedes conocer esto que se encuentra "más allá", pero sólo cuando te sumerges profundamente en ello. No, se trata de un encuentro superficial. Cuando te encuentras regateando en el mercado, tu conciencia no podrá profundizar mucho, porque el acto mismo es superficial. Por lo general, el acto sexual es el único a través del cual el hombre puede transformarse en un testigo de sus profundidades internas.

Mientras más te sumerges en la meditación a través del sexo, menor será el efecto que el sexo tendrá. La meditación se desarrollará desde allí y desde esta meditación que crece se abrirá una nueva puerta, y el sexo se marchitará. Esto no será una sublimación. Será similar a la caída de las hojas secas desde el árbol. El árbol ni siquiera se entera de que las hojas están cayendo. De igual forma, ni te darás cuenta de que el aguijoneo mecánico del sexo está desapareciendo.

Haz surgir la meditación del sexo; haz del sexo un objeto de meditación. Trátalo como a un templo: con ello, lo trascenderás y serás transformado. Entonces, el sexo habrá desaparecido, pero no a consecuencia de una represión o de una sublimación. El sexo será simplemente irrelevante, insignificante. Has crecido, lo has trascendido. Ya no tiene significado para ti.

Es igual que un niño que crece. Los juguetes ya no le interesan. No ha sublimado nada; no ha suprimido nada. Sólo ha crecido; sólo ha madurado. Los juguetes ya no tienen significado para él. Corresponden a una etapa que él ya ha superado.

De igual forma, mientras más medites, menor será el atractivo que el sexo ejerza sobre ti. Y poco a poco, espontánea¬mente, sin esforzarte conscientemente por sublimar al sexo, la energía tendrá una nueva dirección hacia donde fluir. La misma energía que ha fluido a través del sexo lo hará ahora a través de la meditación. Y cuando la energía fluye a través de la meditación, comienza a abrirse la divina puerta.

(*) Una amplia variedad de técnicas de meditación que trabajan directamente con la ener¬gía sexual son comentadas por Bhagwan en una serie de 80 conferencias acerca del Vigyana Bhairava Tantra. Ver The Book of Secrets (" El libro de los secretos") en la lista de textos al final de este libro.

Otra cosa. Has utilizado las palabras "sexo" y "amor". Por lo general, utilizamos las dos palabras, como si existiese una asociación interna entre ellas. Eso no es así. El amor llega sólo cuando el sexo se ha ido. Antes de eso, el amor es sólo un cebo, un juego introductorio y nada más. Su papel consiste solamente en preparar el terreno para el acto sexual. No es más que una introducción al sexo, un preámbulo. Así es que mientras más sexo haya entre dos personas, menos amor habrá, porque el preámbulo no resultará necesario.

Si dos personas están enamoradas y no tienen relaciones sexuales, habrá mucho amor romántico entre ellas. Sin embargo, cuando el sexo entre, el amor se irá. El sexo es tan abrupto. En sí, es tan violento. Necesita una introducción, necesita un juego previo. El amor, tal como lo conocemos, es sólo el ropaje para la realidad desnuda del sexo. Si observas las profundidades de lo que tú llamas amor, encontrarás al sexo allí parado, listo para saltar. Se encuentra siempre a la vuelta de la esquina. El amor habla: el sexo se prepara.

Este seudo-amor se relaciona con el sexo, pero sólo como un preámbulo. Si el sexo aparece, el amor desaparece. Es por eso que el matrimonio mata al amor romántico en forma total Las dos personas llegan a conectarse y el juego previo, el amor, llega a ser innecesario.

El verdadero amor no es un preámbulo. Es una fragancia. No lo encuentras antes del sexo, sino después. No es un prólogo: es un epílogo. Si has experimentado el sexo; sientes compasión por el otro, surgirá el amor. Y si meditas, te sentirás compasivo. Si meditas durante el acto sexual, tu compañero no será solamente un instrumento para tu placer físico. Te sentirás agradecido, porque ambos han llegado a una profunda meditación.

Cuando meditas en el sexo, surge una nueva amistad entre ambos, porque a través del otro, cada uno ha tenido una comunión con la naturaleza, ha vislumbrado Profundidades desconocidas de la realidad. Sentirán agradecimiento y compa¬sión por el otro: compasión por el sufrimiento, compasión por la búsqueda, compasión por un igual, por un compañero de viaje, compasión por un amigo que busca a tientas.

Si el sexo llega a ser meditativo, sólo entonces llega a percibirse la fragancia que subsiste detrás de él: un sentimiento que no es un preámbulo del sexo, sino una maduración, un progreso, una realización meditativa. Así, si el acto sexual llega a ser meditativo, sentirás amor. El amor es una combinación de gratitud, amistad y compasión. Si estos tres elementos se reúnen, estarás enamorado.

Si este amor se desarrolla, trascenderá al sexo. EL amor se desarrolla a través del sexo, pero va más allá, lo trasciende. Tal como una flor: crece través de las raíces; pero va más allá. Y no volverá atrás; no hay vuelta atrás. Así es que si el amor se desarrolla, el sexo desaparece. De hecho, esa es una de las formas de comprobar que el amor se ha desarrollado. El sexo es como la cáscara de un huevo, cáscara a través de la cual emerge el amor. Cuando el amor emerge, la cáscara desaparece. Fue rota, desechada.

El sexo puede llevar al amor sólo cuando la meditación está presente; de otra forma, no. Si, la meditación no está allí, el sexo se repite una Y otra vez de la misma forma, Y terminarás aburriéndote. El sexo se pondrá cada vez más insípido y no te sentirás agradecido con el otro. Más bien, te sentirás engañado; sentirás hostilidad. El otro te domina. Te domina a través, del sexo, porque se ha transformado en una necesidad para ti. Te has transformado en un esclavo, porque no puedes vivir sin el sexo. Pero nunca podrás sentir amistad hacia alguien del que te sientes un esclavo. Y ambos sienten lo mismo: el otro es el amo. La dominación será negada y combatida; pero aún así, el sexo seguirá repitiéndose. Se transformará en una rutina diaria. Riñes con tu pareja sexual, y luego arreglas las cosas nuevamente. Entonces riñes nuevamente, y nuevamente lo arreglas todo. El amor es a lo más, una transacción. No puedes sentir amistad; no hay compasión. En vez de eso, habrá crueldad Y violencia; te sentirás engañado. Te has transformado en un esclavo. El sexo no podrá evolucionar hacia el amor. Seguirá siendo sólo sexo.

" ¡Atraviesa el sexo! No le temas, porque el temor no te lleva a ninguna parte. Si uno debe temerle a algo, debiera temerle sólo al miedo mismo. No le temas al sexo ni tampoco luches contra él, porque ésa es también una forma de temor. "Lucha o huye" -lucha o escapa- éstos son dos caminos del miedo. Así es que no huyan del sexo; no luchen contra él. Acéptenlo, denlo por obvió. Entren en él profundamente, conózcanlo en forma total, com-préndanlo, mediten en él y lo trascenderán. En el instante en que meditas en el acto sexual, se abre una nueva puerta. Te encuentras con una nueva dimensión muy desconocida, de la que nunca has oído hablar, y un mayor éxtasis sale a tu encuentro.

Encontrarás un: deleite tan grandioso que el sexo resultará irrelevante, Y se apaciguará por sí solo. Ahora tu energía no seguirá fluyendo en esa dirección. La energía siempre fluye hacia el éxtasis. Puesto que el éxtasis aparece en el sexo, la energía fluye hacia él; pero si buscas más éxtasis, un éxtasis que trascienda al sexo, que vaya más allá, un éxtasis, que sea más pleno, profundo, grande – la energía, por sí sola, dejará de fluir hacia el sexo.

Cuando el sexo se transforma en meditación, florece en el amor, y este florecimiento es un paso hacia lo divino. Por esto el amor es divino. El sexo es físico; el amor es espiritual. Y si la flor del amor está presente, aparecerá la oración; seguirá al amor. Ya no estás lejos de lo divino. Estás llegando a casa.

Ahora, vean al amor tal como han visto al sexo. Vean la comunión, el encuentro interno, la relación interna. Entonces, trascenderás incluso el amor, y llegarás a la oración. Esta oración es la puerta. Sigue siendo un encuentro, pero no un encuentro entre dos personas. Es una comunión que tú estableces con el todo. Ahora el otro, como persona, queda afuera. Es el otro impersonal – la existencia entera – y tú.

Pero da oración sigue siendo un encuentro, así es que también debe ser trascendido al final. En la oración, el devoto y lo divino son diferentes; el bhakta Y el bhagwa son diferentes. Sigue siendo un encuentro. Por esto Meera, o Teresa, pudo utilizar términos sexuales al referirse a sus experiencias de oración.

Un debe meditar en los momentos de devoción. Nueva¬mente, sé un testigo. Presencia la comunión que estás teniendo con el todo. Esto requiere la conciencia más sutil que resulta posible. Si puedes estar consciente durante tu encuentro con el todo, te trasciendes a ti mismo y al todo, a ambos. En ese momento, eres el todo. Y en este todo, no existe dualidad; sólo hay unidad.

Buscas esta unidad a través del sexo, a través del amor, a través de la oración. Es esta unidad lo que anhelamos. Incluso en el sexo, lo que en realidad ansías es la unidad. El éxtasis aparece porque durante un instante eres uno: El sexo se profundiza en el amor, el amor se profundiza en la oración y la oración se profundiza a una trascendencia total, a una unidad total.

Esta profundización siempre se produce a través de la meditación. El método es siempre el mismo. Los niveles difieren, las dimensiones difieren, las etapas difieren; pero el método es el mismo. Ahonda, en el sexo y encontrarás el amor. Entrégate profundamente al amor y llegarás a la oración. Ahonda en la oración y te encontraras con la unidad. Esta unidad es el total, esta unidad es la felicidad, esta unidad es el éxtasis.

De modo que es esencial no adoptar una actitud combativa, rebelde. En todo está presente lo divino. Puede estar cubierto, puede estar vestido: deberás desvestirlo. Encontrarás vestimentas aún más sutiles. Nuevamente, deberás quitarlas. A menos que encuentres la unidad en su desnudez total, no estarás satisfecho, no te sentirás pleno.

En el instante en que te encuentres con el uno desvestido, desnudo, serás uno con él, pues comprobarás que lo desnudo no es otro sino tú mismo. De hecho, todos se buscan a sí mismos a través de los demás. Debemos hallar nuestro propio hogar golpeando la puerta de los demás.

Apenas la realidad se revela te unificas con ella, porque la diferencia es sólo de ropajes. Las ropas son la barrera, de modo que no puedes desvestir la realidad a menos que tú mismo te desvistas. Es por eso que la meditación es un arma doble: desviste a la realidad Y también te desviste a ti. La realidad queda desnuda; tú quedas desnudo. Y en un momento de total desnudez, de total vacío, te transformas en uno.

Así, por tanto, no estoy en contra del sexo. Eso no significa que esté por el sexo. Significa que me inclino por experimentarlo profundamente Y descubrir lo que está más allá. El más allá está siempre a tu alcance, pero el sexo corriente es tan abrupto, tan compulsivo e inconsciente que nadie profundiza. Si puedes profundizar, te sentirás agradecido de lo divino por haberte abierto una puerta a través del sexo; sin embargo, si el sexo es abrupto e inconsciente, nunca sabrás que estuviste cerca de algo superior.

Somos tan astutos que hemos creado un falso amor que no surge después del sexo, sin antes. Es algo cultivado, artificial. Es por eso que sentimos que el amor se pierde cuando el sexo se satisface. El amor fue sólo el preámbulo, y ya deja de ser necesario. Pero el verdadero amor está siempre más allá del sexo; se oculta detrás del sexo. Experimenta el sexo profundamente, medita en él religiosamente Y florecerás en un estado mental amoroso.

No estoy contra el sexo ni estoy por el amor. También debes trascenderlo. Medita en él y trasciéndelo. Cuando hablo de meditaci6n, me refiero a que debes pasar por ahí en forma totalmente alerta y consciente. No debes experimentarlo en forma ciega e inconsciente. Hay gran éxtasis allí; sin embargo, en tu ceguera, puedes pasarlo por alto. Debes transformar la ceguera: debes llegar a tener los ojos bien abiertos. Si vas con los ojos abiertos, el sexo puede llevarte al camino de la unidad.

La gota puede transformarse en el océano. Ese es el anhelo que hay en el corazón de cada gota. En todo acto, en todo, deseo, encontrarás el mismo anhelo. Descúbrelo, síguelo. ¡Es una gran aventura! En la forma en que hoy vivimos, somos inconscientes. Pero todo esto está a vuestro alcance. El camino es arduo, pero no imposible. Fue posible para un Jesús, un Buda, un Mabavir, y es posible para todo el mundo.

Si te abres al sexo con esta intensidad, con este nivel de alerta, con esta sensibilidad, lo trascenderás. No habrá ninguna sublimación, en lo absoluto. Cuando trasciendas, no habrá sexo, ni siquiera sexo sublimado. Habrá amor, plegaria y unidad.

Estas son las tres etapas del amor: amor físico, amor psíquico y amor espiritual. Y cuando trasciendes los tres niveles, te encuentras con lo divino. Cuando Jesús dijo, "Dios es amor", entregó la definición más cercana que es posible formular, porque lo último que conocemos en el camino hacia Dios es el amor. Más allá de eso está lo desconocido, y lo desconocido no puede definirse. Sólo podemos indicar el camino hacia lo divino, a través de nuestra última etapa: el amor. Más allá de ese punto, no hay experiencia, porque ya no eres. ¡La gota se ha transformado en el océano!

Ve paso por paso, pero con una actitud amistosa. Sin tensión, sin lucha. Sólo ve en estado de alerta. La atención es la única luz en la oscura noche de la vida. Intérnate en la oscuridad llevando esta luz. Busca en cada rincón. Lo divino se encuentra en todas partes, así es que no te opongas a nada.

Pero tampoco debes apegarte a nada. Ve más allá, porque te espera un éxtasis aún mayor. El viaje debe continuar. Si estás cerca del sexo, utiliza el sexo. Si estás cerca del amor, utiliza el amor. No pienses en términos de supresión o sublimación; no pienses en términos de lucha. Lo divino puede esconderse detrás de cualquier cosa, de modo que no luches; no huyas de nada. De hecho, se encuentra detrás de todo; así que dondequiera que estés, atraviesa la puerta más cercana e irás progresando. No te atasques en ninguna parte y llegarás, porque la vida está en todas partes.

Jesús dijo, "Bajo cada piedra está el Señor", pero ustedes sólo ven las piedras. Tendrán que atravesar este estado mental pétreo. Cuando ves al sexo como un enemigo, lo transformas en una piedra. Entonces, se vuelve no-transparente; no puedes ver al otro lado. Utilízalo, meditando él y la piedra será igual que el vidrio. Verás lo que hay detrás y olvidarás el vidrio. Lo que se encuentra detrás del vidrio será lo que recuerdes.

Todo lo que se haga transparente desaparecerá. De modo que no transformes al sexo en una piedra; haz que sea transparente y se vuelve transparente a través de la meditación.

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